Samaria
1. La ciudad. La llamó así por Semer, a quien Omri, quinto rey de Israel, compró el terreno (un monte) para edificar su capital allí (1 Reyes 16:24). Esto fue aproximadamente en 870 a. de J.C. Antes Omri había residido en Tirsa, pero de este tiempo en adelante Samaria vino a ser la metrópoli del reino del norte y, como tal, era la residencia y el lugar de sepultura de los reyes de Israel.
Casi todos admiten que Omri (876-869 a. de J.C.) usó buen juicio y gusto en esta selección Samaria está como a 64 Kms. al norte de Jerusalén. Es un monte oblongo de más de 91 ms. de altura, las laderas son escarpadas y su cumbre plana, está como a 469 ms. sobre el nivel del mar. De aquí se puede apreciar una vista muy extensa del valle de Sarón, y se pueden ver las aguas azules del Mediterráneo. Es un lugar de gran encanto y hermosura, y en la antigüedad, en tiempos de guerra, tuvo mucho poder. Murallas almenadas coronaban sus laderas empinadas; para tomar la ciudad, los enemigos la sitiaban hasta que por el hambre los sitiados se entregaban (2 Reyes 6:24 en adelante).
A través de su historia sufrió mucho en manos de sus enemigos; más de una vez fue librada por intervención divina y más de una vez resurgió de su humillación.
Fue sitiada primeramente por Salmanasar en el séptimo año de Oseas, y después Sargón continuó el sitio en el año noveno, 722 a. de J.C., tiempo en que gran número de gente fue transportada. Alejandro la tomó en 331 a. de J.C. y mató a mucha de su gente. Sufrió en manos de Tolomeo Logi y otros, y fue destruida por Hircano en 107 a. de J.C. fue reedificada por Pompeyo, cayó otra vez, y fue restaurada por Galbino. Debe el esplendor de sus últimos días a Herodes, quien la extendió, la fortificó y la hermoseó. Alrededor de la cumbre del monte había tres filas de enormes columnas de granito, que sostenían la cubierta del gran paseo público, y circundándolo todo había un muro grande con puertas fortificadas. Se cree que aquí Herodes mató a sus hijos y a su querida esposa llamada Marianne, que quizá fue la única persona a quien jamás amó.
Dice la traición que fue el lugar donde enterraron a Juan el Bautista, y muchos piensan que fue el escenario de la predicación de Felipe (Hechos 8:5). Pronto vino a ser la sede de un obispado, y fue representada en varios concilios eclesiásticos durante los primeros siglos. Fue un centro cristiano prominente hasta el tiempo de las cruzadas. El templo de san Juan, edificado durante las cruzadas, es usado ahora como mezquita musulmana.
El muro de la antigua ciudad puede ser trazado en casi toda su extensión. Muchas de las columnas de granito que circundaban la ciudad pueden ser vistas alrededor de la cumbre del monte, y las excavaciones han descubierto los fundamentos del palacio de Omri, y los restos de muchas de las obras de Acab y Herodes, como la estatua gigantesca de Augusto y el tramo imponente de escalera que probablemente marcan el sitio del templo que él edificó a César.
En el presente, en la ladera del monte abajo de las ruinas de la antigua ciudad, hay una aldea pequeña sin ningún atractivo. Se llama Sebastiyeh o Sebustick, nombre en el cual se retiene la denominación de Sebaste que Herodes le dio en honor del emperador. La mezquita mahometana, que fue el Templo de San Juan, y los huertos de olivos y viñas exuberantes que crecen alrededor del monte son las atracciones principales del lugar.
2. El país. El nombre de la ciudad fue transferido al país del cual era su capital, así que Samaria vino a ser sinónimo del reino del norte (1 Reyes 13.32; Jeremías 31:5). La extensión del territorio que abarcaba este nombre varió grandemente en diferentes períodos. Constantemente le cortaban partes, de tal manera que en los tiempos del Nuevo Testamento era muy pequeño. En aquellos tiempos el Jordán era la frontera oriental, y el mar Mediterráneo era la frontera occidental. La frontera del sur corría generalmente en dirección d este a oeste, como a 3 Kms. al norte de Jerusalén, y la frontera del norte estaba paralela al extremo sur del llano de Esdraelón. Estaba más abierta a invasiones que la del sur de Palestina, y sus rutas de comercio le daban una comunicación constante con la gente que vivía alrededor de ellos. Las religiones paganas hicieron un impacto inmediato, y condujeron a una gran corrupción de fe y vida, que, de acuerdo con los profetas, presagia su perdición
(Jeremías 23:13; Oseas 7:1, etcétera).
Samaria es muy variada, hay montañas, colinas, valles y llanuras. Los olivos crecen abundantemente, como también otros árboles frutales. Hay un suelo excelente y anualmente se recogen abundantes cosechas de cebada y trigo. La vid se cultiva principalmente sobre las laderas. En varias regiones hay restos de antiguos bosques. No falta la lluvia, hay excelente pasto, muchas vacas, y sus productos son de excelente calidad.
Esta era la capital, la residencia y el lugar donde sepultaban a los reyes de Israel, el reino del norte, 1 Reyes 16:23, 24, 28; 22:37; 2 Reyes 6:24 en adelante. Bajo la influencia de Jezabel, Acab la hizo un centro de adoración a Baal, 1 Reyes 16:29-33.
Jezabel mató a muchos profetas aquí, 1 Reyes 18:2, 4.
Ben-adad, rey de Siria, la sitió dos veces y no tuvo éxito, 1 Reyes 20; 2 Reyes 6. Aquí Elías destruyó a los mensajeros del rey Ocozías y profetizó su muerte, 2 Reyes 1.
Naamán, el leproso sirio, fue a Samaria para ser curado por Eliseo, 2 Reyes 5. Eliseo le pidió a Dios que hiriera el ejército de Ben-adad con ceguera y los condujo a Samaria, 2 Reyes 6.
El ejército de Ben-adad, sobrecogido de pánico, huyó abandonando el sitio en que tenía a Samaria, 2 Reyes 7.
Jehú mató a los 70 hijos de Acab y destruyó la idolatría de sus ciudades, 2 Reyes 10.
Aquí fueron finalmente tomados cautivos y derrotados los asirios (como azote de Dios), 2 Reyes 17; 18:9-12.
Zorobabel rehusó la ayuda de los samaritanos para reedificar Jerusalén, Esdras 4:1-3.
Muchas profecías concernientes a su pecado y castigo, Isaías 8:4; 9:9; 10:9; 28:1 en adelante; 36:19; Jeremías 23:13; Ezequiel 23:4; Oseas 7:1; 13:16; Amós 3:12; Miqueas 1:6. Felipe predicó allí, Hechos 8.
Otras referencias del Nuevo Testamento: La mujer en el pozo de Jacob, Juan 4:9; el buen samaritano, Lucas 10:25-37; el leproso agradecido, Lucas 17:16.
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